Mi querida gata se ha muerto y yo no sé ni qué hacer

muerte gataMi querida gata se ha muerto y yo no sé ni qué hacer. Esto nos sucede a muchas personas, a más de las que pensamos. A mi me sucedió hace años, en el 2008. En aquel entonces yo vivía con mi gato, Gati y con Lola. Un amor de gata. Yo jamás había pensado que se pudiese ser tan dulce y cariñosa.

Vivió con nosotros un año escaso. Cuando ella tenía 1 añito y mientras nosotros estábamos de vacaciones se puso malita. Así que volvimos de las vacaciones para ver qué sucedía y cuidarla. Pero después de muchas visitas al vete seguían sin saber que tenía. Muchas vueltas, muchas pruebas, mucho estrés y agobio.

Mi veterinaria, y digo mía porque nos conocemos desde hace mucho, no estaba. También estaba de vacaciones. Y sus compañeros nos mandaron probar diferentes cosas, pero ninguna le ayudaba a estar mejor.

Mi querida Lola era un amor, todo dulzura y bondad. Una gata maravillosa. Y mi corazón se estaba partiendo por momentos al ver que no mejoraba.

Unos cuantos días después su veterinaria volvió y con ella algo de serenidad, o eso pensé yo. Cuando la vio me dijo que no me preocupase, que no podía ser nada grave, que era una gata muy joven. Y eso pensábamos las dos, pero parece ser que éramos las únicas que lo pensábamos.

Seguimos de pruebas en el vete

Así que seguimos con pruebas y al final la opción fue abrirle para ver lo que tenía, porque las pruebas no les decían nada claro. Me acuerdo como si fuese ayer de cada cosa que sucedió ese día, el de la operación.

Me cogí la tarde libre en el trabajo y la lleve al vete. Estuve allí hasta que la sedaron. Y cuando ya no me dejaron estar más tiempo con ella, porque entraban al quirófano, me fui a la calle a dar vueltas por la zona. A esperar a que me llamasen para decirme que es lo que habían visto. Yo no estaba para nada tranquila. Estaba triste, agobiada, abrumada por la situación y sin saber muy bien qué hacer. Si que es verdad que una parte de mi estaba más tranquila al saber que su veterinaria estaba con ella. Pero aún así la incertidumbre seguía conmigo.

Un buen rato después. No me acuerdo de cuanto tiempo fue pero a mi se me hizo eterno. Ella me llamó y me pidió que por favor fuese a la clínica. Por su voz y su tono ya supe que no eran buenas noticias. Y allí fui, cabizbaja y temiéndome lo peor. Al abrirle habían visto que Lola tenía una masa en su abdomen, una masa que le estaba apretando los diferentes órganos y no le permitía respirar bien. Algo que según sus propias palabras no tenía solución.

El consejo veterinario fue Diana, esta gata lo está pasando muy mal, hay que dormirla, ya. Mi pareja en aquel momento. Que justo llegó para oír el diagnóstico veterinario, dijo que adelante. Que si era lo mejor para ella la durmiésemos. Y buffff, estaba siendo todo tan precipitado. De dejar allí a mi pequeña para que la viesen, con la idea de volver todos a casa, a decirme de repente que lo mejor era evitarle el sufrimiento eutanasiándole ya.

La decisión

Mi cabeza estaba hecha un lío, y mi corazón palpitando como un loco. Una parte de mi me decía que no, que así no Diana. Que ambas necesitábamos despedirnos con tranquilidad y colocar todo lo que habíamos vivido juntas. Pero esa parte era un suspiro comparada con las palabras de mi veterinaria y de mi pareja. Que decían que no hacerlo ya era hacerle sufrir más.

Y claro yo no quería hacerle sufrir. Así que no me escuche, no escuche lo que sentía. E hice lo que todos esperaban, todos menos esa parte de mi que se revolvía en mis entrañas.

Eutanasiamos a Lola, mientras ella estaba en mis brazos su veterinaria le fue poniendo las diferentes inyecciones hasta que con un suspiro dejó de respirar. Mi nena se había muerto. En mis brazos estaba su cuerpecito y yo no podía parar de llorar y de abrazarla. Después de muchos abrazos y  muchas lágrimas deje allí su cuerpecito bien tapado y me fui a mi casa. Con el corazón roto en mil pedazos.

mi gata se ha muerto

Me fui a mi casa a meterme en la cama y a llorar. No quería salir de ella. De hecho estuve muchos días ahí metida llorando. Algo se había roto dentro de mi. No entendía cómo me había pasado eso. No podía ni quería levantarme de la cama. La verdad es que no tenía ganas de nada. Ni de estar con Gati. Incluso llegué  a pensar que porque se había ido Lola y no Gati, que él era más mayor.

A mi alrededor pocas personas, por no decir ninguna, entendían lo que me estaba pasando. Y para animarme no se les ocurría otra idea que decir “Si sólo era una gata Diana. Ya tendrás otra.” Ufff eso me dolía en lo más profundo. Pues no, no era sólo una gata. Era mi gata, mi amor, mi compañera.

El duelo

Dicen que el tiempo lo cura todo y que todo vuelve a la normalidad. Sí, a la normalidad vuelve todo. Pero las heridas que no curamos ahí siguen, acompañándonos cada día. Y así me ha pasado a mi con Lola. Encaje lo sucedido lo mejor que en aquel entonces pude. Pero la herida ahí seguía, el duelo no había finalizado.

Y no he sido consciente de ello hasta hace no mucho. Casi 10 años después. No he visto mi herida hasta que en la Maestría de Comunicación Animal, que he hecho, nos tocó hablar de los animales y la muerte.

Llevo años trabajando y escuchando lo que los gatos me dicen. Pero nunca he querido escuchar lo que Lola tenía que decirme. Imagina que profunda era mi herida que ni se me había ocurrido hacerlo. Tapada bien tapada que estaba.

Viendo mi herida

La comunicación me ayudó a destapar y colocar mis emociones. Yo no me sentía mal por haberle eutanasiado, sino por la forma en la que lo hice. Por no haber escuchado esa parte de mi que me decía no Diana, así no.

Ahora sé que lo que sentía era lo que ambas necesitábamos, darnos un tiempo y colocar todo lo que habíamos vivido juntas. Y cuando hablo de un tiempo no me refiero a días, sino a horas. Al tiempo necesario para que ella se preparase para continuar su camino y yo para ser capaz de acompañarle en ese momento de despedida desde la serenidad y el amor.

Aceptar y perdonar

amor de gataLa comunicación que mi compañera hizo con Lola me ayudó a ver que en aquel momento no fuí capaz de escuchar lo que mi corazón me decía. Pero lo más importante no es solo que lo pude ver, sino que pude empezar a aceptarlo. Lola me ayudo, conocer la visión que ella tuvo de ese momento lo hizo. Ella simplemente acepto lo que sucedió, sin culpas, ni reproches.

Ella sigue estando conmigo, su amor nunca se ha ido. Lleva años esperando a que yo pudiese aceptar eso. Que me confundí, que me deje guiar por mis miedos en lugar de por lo que sentía. No pasa nada, está bien. Ella lo acepta y su amor hacía mí no ha cambiado por ello.

Esa gata maravillosa con la que tuve el placer de compartir un año de mi vida me ha enseñado que confiar en mí y en lo que siento es importante, es el camino. Pero que si no lo hago la idea es aceptarlo y aprender de ello. Todo es un aprendizaje.

Después de este proceso he sido capaz de conectar con esa parte de Lola que está en mi, con ese amor que ella desprendía allí donde fuese. Ahora soy capaz de escuchar lo que ella quiere decirme. Y os aseguro que lleva mucho tiempo esperando este momento, esperando que yo esté dispuesta a escucharle y a escuchar esa parte de mi.

Todo este proceso ha liberado una parte de ella y le ha permitido seguir su camino, sabiendo que ahora que me he perdonado y he aceptado lo que hice, la semilla que ella puso en mi puede crecer.

Espero que esta historia te ayude a ti a tu gato, y abra una pequeña luz en esas tinieblas en las que a veces nos encontramos cuando nuestro compañero gatuno se ha ido. Si necesitas ayuda no dudes en contactar conmigo,

 

Artículo bajo licencia de Creative Commons 

 

 

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